Pero quién dijo que yo quisiera vivir cien años
Nos pasamos toda nuestra vida buscando una seríe de ideales que nos han dicho que son los que tenemos que conseguir. Un buen trabajo, una casa propia ( que más bien podría llamarse hipoteca propia) , marido, hijos, un tipo estupendo después de machacarnos en el gimnasio... y todo para llegar exhaustas a casa por las noches con el único objetivo de dormir y descansar. Y al menos yo ni siquiera lo consigo todos los días.
¿Alguien sabe como esos malditos pensamientos se cuelan en la mente y se pasan toda la noche peleandose entre ellos mientras tú te limitas a estar con los ojos abiertos sin poder hacer nada? Porque mis pensamientos toman vida propia cada noche. A veces son los problemas del trabajo, otras lo personales... lo cierto es cuando deciden que hay marcha, lo único que puedo hacer es esperar a que se cansen y poder dormir unas horas. Yo al menos, me he resistido a luchar contra ellos. Eso sí, luego estoy agotada al día siguiente.
Pero volviendo a la canción de Sabina. Esa si que me hizo pensar conscientemente. ¿Realmente quiero vivir esos cien años? Me invade la duda. ¿No será mucho más apasionante vivir como vive él? Pisar el acelerador a fondo y olvidarse de las consecuencias, del qué dirán y si lo que hacemos es lo que debemos o no....
Me invade la duda. ¿Vivimos como queremos vivir o simplemente hacemos lo que toca? Al menos algunos intentamos ponerle algo de rebeldía a la existencia. Tener ideas propias, protestar en un manifestación, no votar a los de siempre ( total, todos hacen lo mismo), resistirse al matrimonio... ninguna de estas me parece ninguna acción digna de Juana de Arco, claro que son muchas las que salen directamente de casa del papi a la vicaria... Algo es algo ¿No? Si Sabina me escuchara... que decepción. ¿Es esto vivir?
Praxagora de Aristófanes
Praxágora. —...Ya empieza a clarear el día y de un momento a otro dará principio la Asamblea. Es necesario apoderarnos de nuestros puestos... ¿Qué les ocurrirá? ¿Quizá no habrán podido ponerse las barbas postizas, como quedó acordado? ¿Les será difícil apoderarse de los trajes de sus maridos?- ¡Ah! Allí veo una luz que se aproxima. Voy a retirarme un poco, no sea un hombre.
Mujer Primera. — Ya es hora de ponerse en marcha; cuando salíamos de casa, el heraldo ha cantado por segunda vez.
Praxágora. —Y yo me he pasado toda la noche en vela esperándolas. Pero... un momento; voy a llamar a esta vecina arañando suavemente su puerta, porque es preciso que su marido no note nada.
Mujer segunda. — Ya he oído, al ponerme los zapatos, el ruido de tus dedos, pues no estaba dormida...
Mujer primera. —¡Ah ahí veo a Clinareta y a Sóstrata, que vienen con su vecina Filéneta.¿No ves a Melística, la mujer de Esmicitión, como viene corriendo con los zapatos de su marido? Creo que es la única que habrá podido separarse sin dificultad de su marido.
Mujer segunda.-Miren a Gensístrata, la mujer del tabernero, con su lámpara en la mano, acompañada de las mujeres de Filodoreto y Querétades.
Praxágora. — También veo a otras muchas flor y nata de la ciudad, que se dirigen hacia nosotras.
Mujer tercera. — A mí, querida mía, me ha costado un gran trabajo poder escaparme sin que me vieran. Mi marido ha estado tosiendo toda la noche por haber cenado demasiadas sardinas.
Praxágora. — Siéntense; y ya que estamos reunidas, díganme si han cumplido todo lo que acordamos en la fiesta de los Esciros.
Mujer Cuarta. — Yo he suprimido el uso de la navaja, para estar completamente velluda y no parecer en nada una mujer.
Praxágora. — ¿Traen las barbas con que dijimos que nos presentaríamos en la Asamblea?
Mujer cuarta. —¡Sí por Hécate! Yo traigo esta, que es muy hermosa.Mujer quinta. — Y yo, otra más bella que la de Epícrates.
Praxágora. — También veo que se han provisto de lo demás, pues traen calzado, bastones y ropa de hombre, como dijimos... Mientras queden estrellas en el cielo, dispongamos lo que debemos hacer, pues la Asamblea, para la que venimos dispuestas, empezará con la aurora....Debemos acometer esta audaz y grande empresa para ver si logramos tomar en nuestras manos el gobierno de la ciudad...
Mujer sexta. —¿Y cómo una asamblea de mujeres con sentimientos femeninos podrá convencer a la masa?
Praxágora. — Nada más fácil. Es cosa corriente que los jóvenes sean en general los de más fácil palabra, y, por fortuna, esta condición no nos falta a nosotras.
Mujer séptima. — No sé, no sé, mala cosa es la inexperiencia.
Praxágora. — Por eso mismo nos hemos reunido aquí, para preparar nuestros discursos. Vamos, pónganse pronto las barbas, tú y todas las que se han ejercitado en el arte de hablar.
Mujer octava. — Pero, querida ¿Qué mujer necesita ejercitarse para eso?
Praxágora. — Ponte la barba y conviértete cuanto antes en un hombre. Aquí dejo las coronas ; ahora me voy yo también a plantar la barba, por si acaso tengo necesidad de decir algo.
Mujer segunda. — Querida Praxágora, ¡mira qué ridiculez!
Praxágora. —¿Cómo ridiculez?Mujer segunda. — Es como ponerle las barbas a unos calamares asados...
Praxágora.- ¿Quién quiere hacer uso de la palabra?
Mujer octava.-Yo
Praxágora.- Pues ponte la corona, y buena suerte.
Mujer octava.-¿Y he de hablar antes de beber?
Praxágora.-¿Qué es eso de beber?
Mujer octava.- Pues si no querida, ¿Para qué necesito la corona?
Praxágora.-Vete de aquí; allí nos hubieras hecho lo mismo.Mujer octava.-¿Y qué no beben ellos también?
Praxágora.- ¡Y dale con la bebida! Vete y siéntate; no sirves para nada.
Mujer octava.- Sí, por Zeus; mejor me hubiera valido no ponerme la barba pues, por lo que veo, me voy a morir de sed.
Praxágora.- ¿Hay alguna otra que quiera hablar?
Mujer primera.- Yo.
Praxágora.-Pues bien, corónate, que la cosa urge. Procura hablar virilmente, como es debido y bien apoyada sobre el bastón.
Mujer primera.- ...¡No! por las diosas...
Praxágora.-¡Por las diosas! ¿En qué estás pensando desdichada?
Mujer primera.- ¿Qué ocurre? Aún no te he pedido de beber.
Praxágora.- Cierto, por Zeus; pero, siendo hombre, como lo eres ahora, has jurado por las diosas.
Mujer primera.- Tienes razón, por Apolo.
Praxágora.-¡Basta pues! No daré un paso para ir a la Asamblea hasta que todo quede perfectamente ensayado...
Praxágora.- ...Mi opinión es que debe entregarse a las mujeres el gobierno de la ciudad ya que son las que limpian y administran nuestras casas.
Mujer segunda.- Muy bien, por Zeus, sigue hablando
Praxágora.- Yo demostraré que las mujeres son infinitamente más sensatas que nosotros. En primer lugar, todas según la antigua costumbre lavan la lana en agua caliente, y jamás son vistas intentando cosas nuevas. Si la ciudad de Atenas imitara esta conducta y no permitiera cosas nuevas peligrosas, ¿no tendría asegurada su salvación?... Y al entregarles el gobierno, no nos cansemos en peleas preguntando qué van a hacer, dejémoslas en libertad, que como madres que son, pondrán todo su empeño en economizar soldados... La mujer es ingeniosísima, como nadie, para reunir riquezas; y si llegan a mandar, no se engañan fácilmente, ya que ellas están acostumbradas a hacerlo. Deben seguir mis consejos y serán felices toda la vida.
Mujer primera.-¡Divina, admirable, dulcísima Praxágora! ¿Dónde has aprendido a hablar tan bien, amiga mía?
Praxágora.- Oyendo a los oradores aprendí.
Mujer primera.- Tú serás nuestro jefe.
Blépiro.- ¿A dónde se ha marchado mi mujer? Está amaneciendo y no aparece por ninguna parte. Ando a oscuras buscando mis zapatos y mi manto sin encontrarlos. Sale de su casa.
Un hombre.- ¿Quién es? ¿No eres mi vecino Blépiro? ¿Qué es eso de color marrón?
Blépiro.-Es que salí de casa con el vestido que suele ponerse mi mujer. Estuve buscando mi manto mucho tiempo y no he podido encontrarlo y mi mujer no estaba en casa.Un hombre.-¡Por Poseidón! Entonces te ocurre lo mismo que a mí. También mi mujer ha desaparecido, llevándose el manto que suelo ponerme; y no es eso lo peor, también agarró los zapatos, pues no los encontré en ninguna parte.Llega Cremes.
Blépiro.- ¿De dónde vienes?
Cremes .-De la Asamblea.Blépiro Pues qué, ¿Se ha terminado?
Cremes.- Llegué tarde y nunca había visto tantos hombres en la Asamblea.
¿Qué crees que pasa después en la historia?
Las leyes y la realidad
Ahora cuando una mujer ascienda a consejo directivo, más de uno dirá. "Claro es el cupo". Estoy cansada de por qué trabajar con un hombre no es suficiente para que se nos reconozca. Tenemos que esforzarnos más y aún así se nos trata peor, se nos mira por encima del hombro. Me sorprene ver como incluso aquellas compañeras con más carácter, aquellas que todo el mundo admira por lo lanzadas que son... incluso esas se van muchos días casa con la sensación de que no sirven para nada. Pensado que tal vez no son tan buenas profesionales como deberían. Por que el reconocimiento de su trabajo ha quedado olvidado en algún cajón. ¿Podrá alguna ley cambiar estas situaciones? Ojala, pero no parece muy fácil. Confio más en la capacidad de ellas para seguir lidiando con estas situaciones, al mismo tiempo que hacen un trabajo que muchos de ellos envidan ( pero que jamás confesarán).
Puede parecer una contradicción que la primera entrada de este blog esté dedicada a un hombre. Tal vez lo sea. Yo estoy llena de contradicciones.
Reinvindicar la presencia de las mujeres en la vida pública, y en el control de la sociedad creo que es un deber de todas nosotras. Pero eso no significa la exclusión total de ellos. No es necesario anular a otro para conseguir nuestro espacio. De hecho, cuando los otros son como Jon Lee Anderson, vale la pena fijarse en sus trabajos, y ¿por qué no? tratar de imitarlos. Quienes busquen en Praxagora21 una reivindicación feminista al estilo tradicional de la palabra: no la encontrarán. Tampoco espero que encuentren largas disertaciones a cerca del género de las palabras. Ya se hicieron demasiadas veces, sin demasiado éxito y con alguna extravagancia mal sonante del tipo: jóvenes y jóvenas. No es esa la tarea de Práxagora21. Sí lo será, la de poner un cristal de mujer a lo que ocurre entorno a nosotras, que pocas veces se escribe en femenino.
¿Por qué un hombre el primero? Era su día, o tal vez el de práxagora21. Ambos coincidieron el día en que el país publicaba una entrevista de uno de los reporteros más admirado del planeta. El más admirado de Práxagora21. Y por eso está aquí. Él representa la utopía del periodismo. Él hace aquello que en este rincón del mundo ni se sueña. Pero Práxagora21 es también un espacio para soñar y esta entrevista bien podría el cuento que antes de dormir inspira la aventura nocturna.
ENTREVISTA JON LEE ANDERSON - PERIODISTA
"Se acerca una hemorragia mundial"
Jon Lee Anderson (California, 1957) no es un cínico; es un periodista. Kapuscinski, uno de sus maestros, decía que para este oficio, el periodismo, no sirven los cínicos, y Anderson es un periodista comprometido con la gente y con la realidad, compasivo. Sus reportajes en la revista New Yorker cubren las más diversas zonas del sufrimiento humano; ha informado de guerras abiertas o subterráneas, y ha compartido experiencias con los revolucionarios de La Habana y Argel, y ha contado batallas del Congo y de Bolivia... Cuando hablamos, por teléfono, mientras él estaba en Londres, preparaba un viaje a Somalia, pasando por Andalucía, que fue una pasión que le contagió su madre. Su último libro (una reedición ampliada) es su Che Guevara. Una vida revolucionaria (Anagrama). En esta entrevista habla como un testigo de las últimas décadas de un mundo marcado por el odio.
El Che "tuvo una etapa muy atractiva, pero luego se hizo un inquisidor, pasó a ser un verdugo"
"Los que promueven teorías de la conspiración sólo buscan poder. Es una maniobra burda"
"Hemos llegado a un punto en que a la gente no le importa inmolarse entre muchedumbres"
Pregunta. En España se está produciendo un juicio, el del 11-M, ambientado por una teoría de la conspiración. No pasó con la tragedia de las Torres Gemelas.
Respuesta. Hay en medio un grupo que ha perdido el poder, que creía que tenía amarrado. Los que fabricaron, sin éxito, una teoría de la conspiración en Estados Unidos fueron gente del extremismo musulmán, y hallaron eco en extremismos similares en otros países. Pero no prosperó. Es gente profundamente antidemocrática. Ésta es una analogía, y ésta es una conclusión: los que promueven esas teorías buscan el poder. Es una maniobra de poder, cínica y burda.
P. ¿En qué momento está viviendo el mundo?
R. Va a venir una hemorragia mundial. No veo nada que nos desvíe de un camino de mayor enfrentamiento y mayor sangre, y una mayor polarización, a corto y mediano plazo. Mira Irak: la inclinación siempre es a peor, y ha sido así desde que cayó Bagdad. No sé, a lo mejor se produce la suerte; en todas las guerras se produce un momento en que la sangre deja de derramarse, pero éste es un tiempo muy crispado y muy peligroso. No hay un fin previsible para los conflictos que están en curso.
P. En esta situación, ¿qué se espera de un periodista?
R. Para mí, un periodista hoy es lo que fue siempre. Somos los que informamos al público, de la verdad, del acontecer cotidiano. Mi misión no ha cambiado; me he sentido atraído, impulsado, obligado a participar como observador y narrador de estos hechos, y pienso que ése es un deber. Al fin y al cabo, soy un ser humano, mi país está muy implicado... En términos generales, el periodismo tradicional está en una crisis, la circulación de los diarios disminuye. Yo mismo compro periódicos más por romanticismo que por otra cosa; me sé la mayoría de los titulares, por la radio, por las webs, por los cartelones electrónicos en las grandes ciudades. De momento, la tecnología no es muy atractiva para leer textos de largo aliento, como los que ustedes publican los domingos, así que por eso leo con interés lo que publica EL PAÍS los fines de semana, la revista del viernes de The Guardian o el weekend del Financial Times. Con la prensa pasará como lo que ocurrió en la época de los dinosaurios: desaparecerán los dinosaurios, pero quedarán los cocodrilos y los tiburones, que sobrevivieron de aquellos tiempos.
P. Será siempre verdad lo que decía Kapuscinski, que los cínicos no sirven para este oficio...
R. Aunque hay mucha gente cínica en el oficio. Es, de todos modos, una expresión un poco tópica del querido Kapuscinski. ¿Cínicos en el sentido de la mentira o del escepticismo?
P. A la falta de interés por los dramas que cuentan...
R. El periodismo como tal tiende a crear personas que llegan a ser un poco cansinas, que terminan no creyendo en nada... Pero por fortuna vienen nuevas generaciones de gente curiosa, que rompen moldes y que intentan no ser cínicos... Y ahora está llena la profesión de bloggers: se democratiza el acceso a la información, pero observo que por esa blogosfera circula mucha teoría de la conspiración. Tenemos una avalancha de información, pero se mezcla con los rumores. El mayor problema es que la gente pueda distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo certero y lo falso.
P. Dice usted, hablando de su libro sobre el Che, que es sobre América Latina. Y afirma que si el Che viviera hoy, sería un moderado. ¿Es la evolución de América Latina?
R. Creo que sí. Todavía hay una izquierda residual, potenciada y encarnada ahora en Hugo Chávez, Evo Morales... Lo vemos en las universidades, en las reivindicaciones campesinas. Las luchas de hoy son adecuadas al nuevo tiempo; quizá la inocencia de noción de la utopía, que llevaba a toda una generación a empuñar armas y a morir por una causa, se ha menguado, en parte por el resquebrajamiento de uno de los polos del mundo, la URSS. Después hubo procesos de paz, los que antes luchaban, ahora hacen política de partido. Y por muchos antiglobalizadores que haya, siempre buscan alianzas y algún anclaje en el mercado global. Quedan, sin duda, gente como Hebe de Bonafini, que grita en la plaza de Mayo: "¡Viva la insurgencia iraquí!". ¡Por favor! La llevaba yo a una plaza de Bagdad para que viera cuánto duraba, por occidental, simplemente.
P. ¿Le cae bien el Che?
R. El joven Guevara me cayó muy bien; en términos abstractos, el Che es muy atractivo. A veces me hago esta pregunta: si me hubiera presentado ante el Che, ¿cómo me habría tratado? Depende de la etapa en que le hubiera pillado, porque hubo diferentes épocas en él, y unas me desilusionaron. Recuerdo que me sentí muy atraído por el joven que iba en busca de filosofías de toda índole, y buscando matices... Tuvo una etapa, como digo, muy atractiva, pero luego se hizo un inquisidor, pasó a ser un verdugo, que veía a su alrededor, siempre, desertores y traidores. Cuando dejó el Congo y se fue a Bolivia, ya no era tan severo; no fusilaba gente por deserción.
P. De los mitos queda Fidel. ¿Cuando muera será el final de una época?
R. Así es. Ya la sucesión está amarrada. Es muy posible ahora que Fidel vuelva a ejercer un rol más público. Para la revolución cubana, eso es un ojalá.
P. Usted es muy aficionado a hacer diccionarios. ¿Qué palabra define este tiempo?
R. Odio. Es lo que lo mueve todo. Es lo que nos tiene agarrados a todos hoy día; es lo que alienta el terrorismo. ¡Ya no hay guerrillas, todos son terroristas! Los guerrilleros como el Che tenían un determinado código ético. ¡Comparado con los terroristas de ahora, es una especie de Robin Hood! Hemos llegado a un punto en que a la gente no le importa inmolarse entre muchedumbres cada día. Eso es el odio, y la reacción también es odio.