Hoy se ha aprobado en España una nueva ley para luchar contra la discriminación de las mujeres. A priori, debería ser un motivo de alegría, pero el sentimiento que me ha provocado a mi no es precisamente ese. Es perfecto tener toneladas de papel hablando de las coutas femeninas en los consejos de las empresas, de la ampliación de los días libres para los nuevos papas.... y cientos de nuevas "acciones de discriminación positiva". Bienvenidas sean, pero el exceticismo de la puesta en práctica me supera mi alegría.
Ahora cuando una mujer ascienda a consejo directivo, más de uno dirá. "Claro es el cupo". Estoy cansada de por qué trabajar con un hombre no es suficiente para que se nos reconozca. Tenemos que esforzarnos más y aún así se nos trata peor, se nos mira por encima del hombro. Me sorprene ver como incluso aquellas compañeras con más carácter, aquellas que todo el mundo admira por lo lanzadas que son... incluso esas se van muchos días casa con la sensación de que no sirven para nada. Pensado que tal vez no son tan buenas profesionales como deberían. Por que el reconocimiento de su trabajo ha quedado olvidado en algún cajón. ¿Podrá alguna ley cambiar estas situaciones? Ojala, pero no parece muy fácil. Confio más en la capacidad de ellas para seguir lidiando con estas situaciones, al mismo tiempo que hacen un trabajo que muchos de ellos envidan ( pero que jamás confesarán).
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